El Jardinero y su aprehensión: el atroz golpe al CJNG y a la economía

Afectaciones económicas tras la aprehensión de El Jardinero y El Güero Conta

Entre febrero y abril de 2026, México encadenó dos golpes sin precedente al cártel, la caída de El Mencho y de El Jardinero. El problema es lo que viene después.

  • Capturar al operador financiero del CJNG interrumpe flujos ilegales que distorsionaban mercados reales.
  • Cada golpe a la cúpula del cártel genera violencia inmediata que paga la economía informal.
  • Descabezar estructuras criminales no garantiza estabilidad: históricamente, la agudiza.

Hay algo que me incomoda de cómo se celebran estas capturas. El 22 de febrero, Nemesio Oseguera Cervantes cayó en Tapalpa. El 27 de abril, la Marina detuvo en Nayarit a Audias Flores Silva, El Jardinero, y en Zapopan a su operador financiero, César Alejandro “N”, El Güero Conta.

Dos meses, dos golpes.

El impacto económico de la caída del CJNG en 2026 ya tiene números: la Concanaco estimó entre 1,500 y 2,000 millones de pesos en pérdidas solo en los primeros días tras la muerte de El Mencho. Casi un millón de negocios afectados. Más de 4.8 millones de empleos en vilo. Y sin embargo, la narrativa oficial se contó como victoria limpia.

Yo no sé si eso es honesto.

El impacto económico de la caída del CJNG en 2026 revela una contradicción que nadie quiere nombrar

Pensemos en lo que pasó en la economía real, no en los comunicados. Después de la muerte de El Mencho, el CJNG respondió con narcobloqueos, quema de vehículos y cierres forzados de comercios.

Más de 70 muertes en los días siguientes, 25 de ellas elementos de la Guardia Nacional. Guadalajara y Puerto Vallarta —dos motores turísticos del occidente— entraron en parálisis parcial. Las cancelaciones de hoteles y vuelos no aparecen en el parte de guerra, pero sí en el estado de resultados de miles de familias.

Luego vino la captura de El Jardinero. Y Nayarit repitió el patrón: Tecuala, Acaponeta, Ahuacatlán bloqueados. Incendios. Suspensión de actividades.

Aquí está la contradicción que nadie quiere nombrar: cada operativo exitoso contra el CJNG, como el de El Jardinero, produce exactamente el tipo de inestabilidad económica que se supone que debería combatir.

No porque el operativo contar El Jardinero esté mal. Sino porque el Estado golpea la cabeza del monstruo sin haber construido todavía la red que amortigüe el coletazo. Los que pagan ese coletazo son siempre los mismos: el transportista que no pudo salir ese día, el restaurantero que perdió el fin de semana, el repartidor que se quedó sin pedidos.

Economía informal, sin seguro, sin colchón.

¿Es culpa de la Marina? No.

¿Es un problema real? Absolutamente.

¿Por qué la captura de El Jardinero puede pesar más que la muerte de El Mencho?

Me parece que este punto se subvaluó en la cobertura. El Mencho era el símbolo. Poderoso, sí, pero los cárteles modernos no colapsan con sus símbolos. Colapsan —o se fracturan— cuando pierden al que hace funcionar la maquinaria todos los días.

Y El Jardinero era exactamente eso: exjefe de seguridad de El Mencho, articulador de rutas del Pacífico, coordinador de laboratorios y redes de tráfico hacia Estados Unidos.

EEUU ofrecía 5 millones de recompensa por El Jardinero
EEUU ofrecía 5 millones de recompensa por El Jardinero

Varios analistas de seguridad lo dijeron con toda claridad: la captura de El Jardinero puede tener un impacto operativo mayor que la muerte del propio Mencho.

Ahora súmale la detención del operador financiero el mismo día. El Güero Conta no cargaba armas. Cargaba el sistema de lavado: empresas fachada, prestanombres, adquisición de bienes en la economía formal. Su trabajo era convertir dinero ilegal en activos que compiten —con ventaja brutal— contra cualquier negocio que sí paga impuestos.

Cuando ese sistema se interrumpe, algo bueno sucede: los mercados empiezan a operar sin ese capital distorsionante. Precios inmobiliarios que se inflaban artificialmente, negocios de logística que ganaban licitaciones sin merecerlas, sectores enteros subsidiados por dinero sucio.

Eso, en teoría, se empieza a limpiar. Pero hay otra cara. Esa liquidez —ilegal, sí, pero real— movía sectores.

Y cuando desaparece de golpe, hay una contracción que nadie contabiliza en los informes oficiales.

¿Y ahora qué? El reacomodo que siempre cuesta más

La historia reciente en México es bastante consistente en este punto, y me parece irresponsable ignorarla.

Cuando cae un liderazgo fuerte, no llega la paz. Llega la disputa. Grupos internos que se fracturan, mandos medios que intentan heredar plazas, organizaciones rivales que aprovechan el vacío.

Ese reacomodo —que puede durar meses o años— es el periodo más violento para la economía local. Más extorsión, más “cuotas” a negocios, más incertidumbre para quien quiere invertir o simplemente sobrevivir. Jalisco venía posicionándose como polo de nearshoring.

Guadalajara tiene clusters tecnológicos que compiten con Monterrey. Puerto Vallarta registraba temporadas turísticas récord. Todo eso requiere algo que el dinero y los incentivos fiscales no pueden comprar solos: la percepción de estabilidad.

Esa percepción ahora está herida. No fatalmente, pero sí de manera que los inversionistas van a medir con cuidado. Lo que me parece más serio es que el debate público se agota en si el operativo para detener a El Jardinero fue bueno o malo —y lo fue, en términos estrictamente operativos— sin preguntarse qué mecanismo existe para que el vacío de poder no se traduzca en más semanas de bloqueos y más viernes sin ventas para el comercio local.

Esa pregunta sigue sin respuesta.

El verdadero costo del éxito: quién paga la factura del doble golpe al CJNG

Al final de esta historia, lo que me queda no es duda sobre si los operativos eran necesarios. Eran necesarios. Lo que me queda es la incomodidad de saber que en México el éxito en seguridad y el bienestar económico todavía no están coordinados.

Capturamos líderes como El Mencho o El Jardinero. Bien. Pero no tenemos un protocolo claro para proteger al transportista que cruza Nayarit el día después, ni para el hotel de Puerto Vallarta que perdió su grupo de convención por el miedo mediático, ni para el mercado de Zapopan que bajó sus cortinas “por si acaso” y no recuperó esas ventas.

2,000 millones de pesos es mucho dinero para cualquier familia mexicana. Es la factura visible. La invisible —disputas territoriales, extorsión que se recrudece, inversión que se pospone— todavía se está escribiendo.

El doble golpe al CJNG, el de El Mencho y de El Jardinero en 2026 son un triunfo operativo real. Ojalá también sea el inicio de una estrategia que se preocupe tanto por el día siguiente como por el día del operativo.

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