Normalización de la extorsión: cuando el crimen modifica la economía y la vida socialNormalización de la extorsión: cuando el crimen modifica la economía y la vida social

El costo de la inseguridad representa pérdidas de $8,000 pesos anuales por mexicano según INEGI.

Hay fenómenos criminales que pueden medirse en carpetas de investigación, estadísticas y cifras oficiales. Y hay otros cuya verdadera dimensión se encuentra en aquello que no aparece en los reportes: el miedo silencioso, la adaptación social y la resignación colectiva. Por lo tanto, la normalización de la extorsión pertenece a esta segunda categoría de afectación financiera en 2026.

La normalización de la extorsión significa integrar las cuotas delictivas como un gasto operativo ordinario dentro de los negocios en México. Sin embargo, según datos del INEGI, esta práctica distorsiona la microeconomía y eleva el costo país, forzando al consumidor final a pagar sobreprecios en productos básicos debido al traslado de costos criminales.

El costo de la gobernanza criminal en los negocios

Con mucho pesar quiero reconocer una realidad en México. La extorsión dejó de ser un delito marginal para convertirse en un sistema criminal de regulaciones que afecta el trabajo, el producto, la venta y la relación comercial de muchas personas, desde los campesinos hasta el consumidor final. Durante años, el fenómeno de la extorsión ha evolucionado de un escenario ocasional a uno sistemático que abarca la totalidad del país considerando una forma de gobernanza criminal orientada hacia cadenas de producción y suministro implementadas a través de la violencia y el terror originados por grupos criminales, auspiciados lamentablemente y en muchos casos por la autoridad que debiera impedir que esto ocurra.

Los grupos criminales han evolucionado sus actividades complementarias como segmento financiero de su capacidad económica, de estar enfocados al robo, al secuestro, al narcotráfico, etcétera; ahora encuentran elevadas ganancias en la sistematización del modelo de extorsión criminal que se ha vuelto parte de la vida diaria de los mexicanos. El campesino cubre el pago de la extorsión para no tener un problema o que el mismo grupo criminal no le ocasione un problema. En este escenario cotidiano, la normalización de la extorsión se ha vuelto la realidad delictiva que afecta la macro economía del país y la micro economía del ciudadano común.

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Las mafias italianas operaban con muchas similitudes; la Cosa Nostra, Camorra y ‘Ndrangheta, tenían una reputación criminal que atemorizaba a los ciudadanos y mantenían a partir de ello el dominio recibiendo cuotas de la extorsión. Las mafias se infiltraron en las diversas áreas económicas, como la construcción, la industria restaurantera, el mercado del campo, los puertos, la obra pública, el gasto de gobierno, etcétera.

Se creó la figura del empresario criminal. ¿Te parece conocida esta operación en México? El aprendizaje común al ser testigos y/o víctimas es -no denuncies, no hables de eso, no te metas, no viste, etc-. Esto solo implica la sobrevivencia del campesino, del empresario legítimo. En este punto, el fenómeno de la normalización de la extorsión deja de ser solamente un asunto de atención policial y se transforma en un problema estructural de seguridad nacional, desarrollo económico y cohesión social.

Costos específicos de la delincuencia para tu bolsillo:

  • Efecto dominó en precios: Incremento de hasta un 30% en alimentos debido a las cuotas de la extorsión en las centrales de abasto.
  • Freno a la innovación: Destino del 15% del capital de trabajo de las MiPyMEs a infraestructura de videovigilancia y blindaje local.
  • Pérdida de patrimonio: Cierre definitivo de comercios por inviabilidad financiera ante el cobro de piso recurrente.
  • Informalidad forzada: Negocios operan en la clandestinidad para evitar ser detectados por el radar de las organizaciones delictivas.

¿Cuánto cuesta proteger mi negocio de la inseguridad en 2026?

Pensemos por un momento estimados lectores en lo que significa vivir en cualquier comunidad en México donde abrir un sencillo negocio implica considerar, además de impuestos, nómina, renta y proveedores, la posibilidad de pagar la cuota de la extorsión para poder operar. Pensemos en lo que ocurre cuando un agricultor ya no calcula exclusivamente el precio de fertilizantes, transporte o comercialización, sino también cuánto deberá entregar para poder cosechar sin represalias.

Pensemos en la distorsión que se genera cuando un empresario decide no expandirse porque una mayor visibilidad económica lo convertiría en un objetivo más rentable para la criminalidad. Por lo tanto, el gasto preventivo y de reacción frente al delito absorbe hoy una quinta parte de las utilidades de un emprendedor.

¿Qué impacto tiene la inseguridad en el costo país de México?

De acuerdo con el INEGI y reportes de la SSPC, el costo país derivado de las pérdidas a partir de la extorsión y los gastos en seguridad supera los 300 mil millones de pesos anuales. Por lo tanto, la normalización de extorsión frena la inversión legítima, disminuye la recaudación fiscal y limita el crecimiento del PIB en más de un punto porcentual cada año.

El Costo del Delito en el Comercio

DatoValor FinancieroFuente Oficial
Costo total de la inseguridad en hogares$319.1 mil millones de pesosINEGI (ENVIPE)
Impacto macroeconómico estimado1.3% del PIBBanxico / Banco Mundial
Cifra negra (delitos no denunciados)96.7% a nivel nacionalINEGI

La distorsión de los mercados y el futuro del consumo

En términos estrictamente financieros, la extorsión funciona como un impuesto ilegal. Pero sería un error conceptual considerarlo únicamente así. A diferencia de un impuesto formal, el pago criminal no produce infraestructura, seguridad jurídica ni servicios públicos. Produce subordinación, incertidumbre y control territorial.

Mientras el impuesto estatal opera bajo un marco normativo previsible, la cuota criminal depende de la violencia, del miedo y de la capacidad de coerción de quien la impone. Tomo como ejemplo al emprendedor que conocedor de productos de café decide poner una cafetería, por la que tiene que considerar el pago de grano de café, el de vasos, servilletas, azúcar y otros insumos, la máquina de café, el molinillo de granos, el pago de un empleado, el pago de luz, agua, internet, y por supuesto la renta del local.

Ahora tiene que considerar el pago de una extorsión de 20 mil pesos al mes. Tiene dos opciones, cerrar su anhelado negocio o cumplir con el pago y trasladar ese pago a los costos e incrementarlo en el precio del café que tú compras; el efecto dominó. Obviamente si cierra pierde su patrimonio invertido, su precaria fuente de ingreso, la creación de una fuente de empleo, enfrentar una amenaza de violencia o mudarse a otro lugar con el gasto que eso implica. ¿Tú qué harías?

Cuando una empresa paga cuotas criminales, esos costos no desaparecen. Lo más frecuente es que sean trasladados al consumidor final. Esto significa que la ciudadanía termina financiando indirectamente economías criminales mediante el encarecimiento de productos y servicios. Dicho de otra manera: en algunos contextos, el crimen ya no solamente roba riqueza; también administra mercados, todo desde un proceso frecuentemente invisible.

Por si esto fuera poco, existe además un efecto particularmente grave que surge ante la normalización de la extorsión: la expulsión silenciosa del emprendimiento. En contextos de presión criminal, muchos pequeños negocios simplemente dejan de existir. No porque hayan fracasado comercialmente, sino porque la rentabilidad desaparece bajo un régimen de amenazas permanentes. Familias enteras abandonan actividades productivas, venden propiedades o migran hacia otras ciudades. Hemos visto en redes sociales la súplica de alguna persona clamando por ayuda ante la impotencia de ser víctima de algún tipo de extorsión.

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La frase “así son las cosas aquí” representa uno de los mayores triunfos de cualquier estructura criminal. Es la aceptación cultural de un proceso corruptor. Las sociedades no suelen colapsar de manera abrupta. Se transforman gradualmente. Aprenden a tolerar aquello que antes parecía inaceptable. La pregunta realmente importante es cuánto tiempo puede sobrevivir una economía —y una democracia— cuando la ilegalidad deja de ser una excepción y comienza a convertirse en parte cotidiana del costo de hacer negocios. Evitar la normalización de la extorsión es el verdadero reto financiero y social que enfrenta México en 2026.

Sigue cada miércoles la columna de J. M. Santos E., Crisis, Causas y Costos.

Por J. M. Santos E.

J. M. Santos E. analiza la seguridad en México y sus efectos económicos. En “Crisis, causas y costos” explora violencia, finanzas y contexto.