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Hace unos días escuchaba en las noticias que ya está muy cerca la inauguración de la nueva Universidad del Deporte en Puebla. Y la verdad es que la noticia me hizo pensar bastante. Puebla sigue creciendo en universidades, en nuevas carreras y en proyectos educativos. Eso, en teoría, debería ser algo muy positivo para el estado. Pero también vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿el mercado laboral está creciendo al mismo ritmo que las universidades? Porque una cosa es abrir más espacios educativos y otra muy distinta es que existan suficientes oportunidades económicas para quienes salen de ahí.
Durante años, distintos gobiernos han presumido que Puebla es una ciudad universitaria. Y sí hay argumentos para decirlo. Tenemos universidades públicas y privadas muy reconocidas, miles de estudiantes llegando cada año y una fuerte presencia académica en comparación con otros estados. La BUAP, la UDLAP, la Ibero, la Anáhuac y el Tecnológico de Monterrey son solamente algunos ejemplos de instituciones que han hecho que Puebla tenga peso educativo a nivel nacional. Según datos de la ANUIES y de la SEP, Puebla está entre las entidades con mayor presencia de instituciones de educación superior en México, haciendo a la ciudad viable para estudiar una carrera.
El problema es que tener muchas universidades no necesariamente significa tener los mejores salarios ni las mejores oportunidades profesionales. Ahí es donde empieza el tema complicado. De acuerdo con datos del Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, un profesionista en Puebla gana en promedio entre 15 mil y 17 mil pesos mensuales, dependiendo del área y del nivel de experiencia. Mientras tanto, en estados como Nuevo León o Ciudad de México los ingresos promedio son considerablemente más altos. Y no solamente hablamos de salarios. Según información de Data México, basada en cifras de INEGI y Secretaría de Economía, Puebla también tiene niveles importantes de informalidad laboral incluso entre profesionistas.
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Eso genera algo que cada vez escucho más seguido en jóvenes recién egresados: frustración. Muchos salen de la universidad pensando que después de años de estudiar una carrera van a encontrar estabilidad rápidamente. Y la realidad termina siendo mucho más complicada. Algunos aceptan trabajos fuera de su área, otros terminan emprendiendo por necesidad y muchos buscan oportunidades fuera de Puebla o incluso fuera del país. Hace algunos años, terminar una carrera prácticamente te daba una ventaja automática. Hoy ya no funciona así. Actualmente las empresas buscan otras cosas además del título: experiencia, idiomas, habilidades digitales, liderazgo, adaptación y experiencia internacional.
Estudiar una carrera universitaria sigue siendo importante, por supuesto. Pero ya no alcanza por sí sola. Y aquí es donde creo que muchas familias todavía no terminan de darse cuenta de cómo cambió el mundo laboral. En mi despacho recibo continuamente personas que quieren contratar fideicomisos o planes educativos para sus hijos, como Segubeca y otros esquemas de ahorro universitario. Y en casi todas esas conversaciones termino comentando algo parecido: estudiar una carrera ya no garantiza el éxito profesional. Hoy un título es solamente una parte de toda la preparación que un joven necesita para competir profesionalmente.
Por eso hoy quiero compartirles tres cosas que debemos considerar cuando pensamos en que nuestros hijos acudan a estudiar una carrera universitaria. Tres reflexiones que tienen que ver con finanzas para la vida real, con los retos laborales actuales y con la forma en que estamos planeando el futuro profesional de la siguiente generación.
1. Dejar de pensar que el ahorro educativo solamente sirve para pagar colegiaturas
Muchos padres todavía visualizan este tipo de planes únicamente como una herramienta para cubrir una universidad. Pero actualmente un plan educativo puede servir para mucho más que eso. Ese ahorro puede ayudar a financiar un intercambio internacional, certificaciones, aprender otro idioma, una maestría, abrir un pequeño negocio o desarrollar un proyecto profesional. Incluso puede darle a un hijo tiempo para construir experiencia antes de entrar de lleno al mercado laboral. Al final, herramientas como Segubeca o los fideicomisos educativos pueden convertirse en una plataforma de oportunidades y no solamente en un mecanismo para pagar inscripciones.
2. Entender que el mercado laboral ya cambió
Hace algunos años bastaba con estudiar una carrera y terminarla para tener una ventaja importante. Hoy las empresas buscan perfiles mucho más completos. Actualmente se valora muchísimo la experiencia internacional, las habilidades digitales, el liderazgo, la capacidad de adaptación, el networking y la capacidad de resolver problemas. Por eso muchos jóvenes que pensaron que estudiar una carrera era el único camino, siguen teniendo dificultades para encontrar estabilidad económica rápidamente. La preparación profesional, además del título universitario, depende también de las experiencias, de las habilidades, de la capacidad de relacionarse con otros entornos y de las oportunidades que puedan aprovechar a lo largo de su formación.
| Indicador Económico | Valor Promedio | Fuente Oficial |
| Salario promedio profesionista (Puebla) | $15,000 – $17,000 / mes | Observatorio Laboral STPS |
| Tasa de informalidad laboral general (Puebla) | 65.2% | INEGI (Data México) |
| Costo promedio carrera privada élite | $600,000 – $1,200,000 | Estimaciones de Expertos AMIS |
3. Contratar fideicomisos educativos con visión de largo plazo
Muchas familias en Puebla están haciendo esfuerzos enormes para pagar todo lo que implica estudiar una carrera (colegiaturas, transporte, renta y gastos relacionados con sus hijos). Por eso es importante entender que actualmente un fideicomiso educativo necesita ser mucho más agresivo y estratégico frente a los retos laborales actuales. Hoy ya no basta con ahorrar únicamente para estudiar una carrera. Los retos profesionales modernos exigen contemplar intercambios internacionales, especializaciones, certificaciones, idiomas, emprendimiento y experiencias que generen diferenciación profesional.
Por eso es fundamental estar bien asesorados al momento de contratar este tipo de herramientas financieras. Un plan educativo mal estructurado puede quedarse corto frente a las necesidades reales que enfrentará un joven dentro de diez o quince años. Herramientas como Segubeca pueden ser muy útiles dentro de una estrategia patrimonial familiar, especialmente cuando se diseñan pensando en finanzas para la vida real y en las verdaderas exigencias del mercado laboral actual.
Entonces, ¿vale la pena estudiar una carrera en Puebla?
Sí, claro que vale la pena estudiar una carrera en Puebla. El estado tiene grandes universidades, buena infraestructura educativa y una oferta académica importante. El reto está en cómo preparar a los jóvenes para competir en un entorno laboral mucho más exigente que el de generaciones anteriores. Hoy la educación debe verse también como parte de una estrategia patrimonial familiar. Porque el verdadero objetivo ya no es solamente obtener un título universitario. El objetivo es construir perfiles capaces de adaptarse, crecer y destacar en un mundo laboral cada vez más competitivo.
Panorama Universitario y Laboral
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