20 detenidos, 113 vehículos y 36 inmuebles: el golpe reciente al CJNG
Opinión J. M. Santos E.
- Autoridades detienen a 20 personas del CJNG en operativos simultáneos en Michoacán, Jalisco e Hidalgo.
- Capturar líderes no basta: el crimen organizado se adapta y sobrevive.
- Propone pasar de perseguir individuos a desarticular sistemas delictivos completos, incluyendo redes financieras y logísticas.
En los últimos días, autoridades federales dieron a conocer la realización de una serie de operativos articulados en distintos estados del país, dirigidos contra integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Las acciones, desarrolladas de manera simultánea en Michoacán, Jalisco e Hidalgo, dejaron como resultado la detención de al menos 20 personas y contaron con la participación de integrantes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), Secretaría de Marina (Semar), Fiscalía General de la República (FGR), Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y Guardia Nacional.
Costo e impacto
De acuerdo con la información difundida por las autoridades y retomada por distintos medios de comunicación, durante el despliegue fueron intervenidos más de 36 inmuebles, donde se aseguraron armas de fuego, aproximadamente 113 vehículos, equipos inhibidores de drones, aeronaves no tripuladas, dinero en efectivo y diversos bienes, entre ellos animales considerados exóticos, como tigres y panteras.
Durante las administraciones federales anteriores, particularmente desde la llamada “guerra contra el narcotráfico”, México ya había utilizado operaciones de alto impacto para detener o abatir líderes criminales. La diferencia del momento actual no está, por tanto, en haber vuelto a utilizar la fuerza.
Esto es importante porque permite entender que “abrazos, no balazos” no describe adecuadamente la estrategia actual. Parece que el gabinete de seguridad mantiene un componente coercitivo del Estado, lo incorporó dentro de una estrategia que oficialmente pretende combinar prevención social, presencia territorial, inteligencia, investigación y coordinación. Por el bien de México espero que sea así.
¿Basta con detener a los líderes del crimen organizado?
Parece que las autoridades de seguridad en nuestro país han comenzado a reconocer una realidad que la experiencia de las últimas décadas ha demostrado de manera consistente: las organizaciones criminales poseen una importante capacidad de adaptación y supervivencia.
La captura o eliminación de uno o varios de sus líderes, aunque podría verse como un logro operativo importante, no significa la desaparición de la estructura criminal y menos una tan desarrollada como lo es el CJNG.
La experiencia mexicana muestra que estos grupos suelen contar con mecanismos de sucesión, cadenas de mando alternas, operadores regionales y redes financieras que les permiten continuar funcionando incluso después de perder a figuras consideradas estratégicas.
En algunos casos, la ausencia de un líder ha generado fragmentación y disputas internas; en otros, simplemente ha dado paso a nuevos liderazgos capaces de mantener la operación criminal y lamentablemente en muchos casos, más violentas para afianzar su posición y mensaje.
El Estado debe tener la capacidad de mantener las acciones para debilitar las estructuras criminales y su funcionamiento, transitar del modelo de perseguir criminales al de desarticular sistemas delictivos.
Por ello, el desafío actual consiste en dejar de observar a las organizaciones criminales únicamente a través de sus dirigentes visibles y comenzar a entenderlas como sistemas complejos muy adaptativos sin reglas ni sometimiento a la ley.
Esto implica analizar cómo se financian, cómo reclutan, cómo se comunican, quiénes integran sus redes de protección, cuáles son sus mecanismos logísticos y de qué manera ejercen control sobre determinados territorios o actividades económicas.
Impacto y futuro
Si esta estrategia logra consolidarse, México podría estar transitando de un modelo centrado en la persecución de individuos hacia otro orientado a la desarticulación de organizaciones criminales, un enfoque que diversos especialistas en seguridad consideran más adecuado para enfrentar fenómenos delictivos cada vez más complejos y sofisticados.
La presión estadounidense funciona como un mecanismo de exigencia externa pero depende de México convertirlo en una política institucional.
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